Levo tiempo sin postear, y la culpa la tiene una boda. No la mía, Dios-Buda-Alá me libre, sino la de unos amigos y unas cervezas de más. Esto son unos amigos que llevan 7 años ennoviados y varios viviendo juntos que un día, no me explico porqué, deciden casarse. Y esto es una que empieza a desvariar sobre lo feo que es dar un sobre con dinero o ingresarlo en una cuenta y con lo que molaría hacer algo crafty como las bodas de las señoras de Arkansas donde todo está forrado de papel craf, cuerda twin bakers y globos de colores. Así que en el calor de la conversación y poseída por el espíritu de Madamme Brioix, una les ofrece encargarse de los recordatorios del evento a lo que ellos obviamente responden que sí mientras piensan ”mira tú que bien, una cosa menos de la que encargarnos”.
Y esto es una que empieza a mirar por internet, se hace carpetas con ideas que ve por ahí, empieza a investigar sobre posibles packagins y encuentra una empresa fantástica que cumple los requisitos de bueno-bonito-barato, engaña a amigas que se llevan bien con los ordenadores, va a regatear a “els encants” para hacerte con 70 metros de puntillas y se desquicia al ver que el horno de casa de su madre no tiene marcador de temperatura ni en grados Celsius ni en Farenheit, si no del 1 al 9.
Al final el resultado fueron 80 recordatorios de boda que consistían en una dos galletas de mantequilla donde estampé la fecha de la boda en una y los nombres de los novios en otra dentro de una cajita con un lazo de puntilla y una foto imitando a una polaroid. Vale, me explico fatal, mejor lo veis aquí.
Pese a que en algunos momentos me desquicié y pensé en rellenar las cajitas con gominolas varias y olvidarme de este embolao’, debo agradecer a mis amigas pacientes y mañosas Lídia y Rula que me echasen una mano y al final todo quedase medianamente bien!!



